NO SE PUEDE CAMBIAR EL ALMA

Los ejecutivos empresariales y los negacionistas que sy también movilizan en contra dy también acuerdos internacionales firmes sobre el cambio climático han sido, justamente, el foco dy también atención dy también bastantes personas preocupadas por la crisis climática. Pero puede quy también otro conjunto dy también élites —aquellas que sí creen en el cambio climático— haya bloqueado aún más toda solución eficaz a la crisis.

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“La finalidad es cambiar el corazón y el alma.” – Margaret Thatcher

El último día dy también la cumbre del clima dy también la onu celebrada en la ciudad de parís en el mes de diciembre dy también 2015, miles de personas desafiaron una prohibición sobre las manifestaciones públicas concentrándose en un boulevard quy también llevaba al distrito comercial de La Défensy también para denunciar el nuevo acuerdo climático quy también los negociadores de los Gobiernos estaban a punto dy también firmar y celebrar en Le Bourget, donde se celebraba la conferencia, a veinte quilómetros dy también allí. Con la idea dy también neutralizar los intentos oficiales dy también supervisar la narrativa sobre la cumbre, marcharon tras un muro dy también ‘piedras’ inflables gigya antes y una pancarta roja que proclamaba “¡Cambio sistémico, no cambio climático!”. A diferencia dy también otros conjuntos ambientalistas, también sostenían carteles en que criticaban la forma antidemocrática en que capitalistas y otros conjuntos poderosos del actual sistema capitalista global toman las decisiones sobry también nuestra relación con la naturaleza.

De formas diversas, planteaban una alternativa más democrática: un sistema en que ‘las personas’ decidan sobre temas esenciales como qué fuentes dy también energía emplear y qué actividades impulsar en beneficio de quién, cuántos árboles talar y qué recursos producir para quién o, más en general, cómo organizar nuestra relación con la naturaleza y con qué fines.

Aunque la acción fuy también muy plural y provocadora, no resultó ser tan multitudinaria ni beligerante como habían esperado algunos dy también los organizadores. Incapaces de movilizar a más personas, a los anticapitalistas radicales no les quedó otra alternativa que desamparar el plan original dy también cercar Ly también Bourget con barricadas y descartar mantener la marcha hasta La Défense. Al final, los manifestantes solo se concentraron, haciendo volar sus ‘piedras’, mas no dirigidas contra ningún objetivo. En esos mismos momentos, en Ly también Bourget y La Défensy también descorchaban las botellas de champagne con toda tranquilidad.

¿Por qué, como sugiere este episodio concreto mas no poco común, los activistas que luchan por un sistema más democrático se encuentran con tantas dificultades para atraer a más personas a su bando? ¿O por qué, pesy también a la cada vez más intensa crisis ecológica provocada por el capitalismo, el movimiento por un cambio radical del sistema se prosigue viendo confinado a espacios marginales?

Sin duda, parte de la respuesta está en de qué manera las élites globales han recurrido a medidas poco a poco más coercitivas para que la genty también no salga a la cally también o imsolicitar que conciban o expresen reivindicaciones contra el sistema. No obstante —como demostró el enorme número de personas quy también no sy también vio amedrentada por la amenaza de la fuerza ni se tragó el discurso dy también los Gobiernos en la ciudad de parís y otros foros internacionales— no es simplemente la presencia o ausencia de opresión física o ideológica lo quy también determina la voluntad de las personas a enfrentarsy también a los poderosos. En efecto, cabe preguntarnos por qué no hay más personas dispuestas a desafiar la represión para combatir por un sistema democrático.

Esty también ensayo trata dy también ayudar a entender las causas de las debilidades del movimiento llamando la atención sobre otra forma, por norma general obviada, a través de la que los poderosos tratan de contener cualquier afrenta a su gobierno antidemocrático dy también otra manera quy también no sea la opresión física: la dy también intentar moldear las propias subjetividades dy también las personas —cómo ven sus identidades, de qué forma interpretan su situación en la vida, a qué aspiran, a quiénes consideran sus ‘amigos’ o ‘enemigos’— con el fin de convencerlas de proteger activamente el sistema.

En estas páginas arguyo que una parte de los motivos por los que los activistas que luchan por una opción alternativa democrática al capitalismo les resulta difícil atraer a más personas a su cau.s.a. Es porque una una parte de las clases dominya antes del mundo ha estado librado lo que podríamos concebir, aludiendo a Gramsci, como una especie de ‘revolución pasiva’ global: un intento de reconstruir o asegurarsy también la hegemonía (mundial) intentando reformar las bases del capitalismo global para conceder parcialpsique las demandas de conjuntos subordinados.

Y repaso cómo, al intentar aparentemente ‘mudar el sistema’, un sector específico dy también las élites globales ha logrado en party también neutralizar los intentos más radicales de reconfigurar las subjetividades dy también las personas, evitando así que estas luchen por un sistema democrático.

El renacer de un movimiento global contrahegemónico

Para entender mejor de qué manera las élites globales intentan contener los desafíos contrahegemónicos a su dominio, vale la pena remontarsy también a fines dy también la década dy también 1960, una vez que múltiples nuevos movimientos radicales, incluidos determinados que se movilizaron en torno a temas de ecología, saltaron al escenario mundial como parte de un renacimiento más general del radicalismo. Ya antes de esa fecha, una crecienty también número de personas en países industrializados y asimismo en el ‘Tercer Mundo’ estaba cada vez más preocupada por el deterioro dy también sus condiciones de vida como consecuencia dy también la degradación ecológica quy también venía dy también la mano dy también la renovada expansión global del capitalismo en la posguerra.

ya antes de la década dy también 1960, mucha genty también aún pensaba que estos problemas ecológicos y los imacuerdos quy también estos tenían en su vida eran fruto dy también los ‘malos hábitos personales’ dy también otros, de la ‘administración no científica’ dy también los recursos o de la poca regulación dy también ‘las grandes empresas’. Por lo tanto, solían considerar quy también estos problemas sy también podían solucionar y quy también el sufrimiento quy también caempleaban sy también podía concluir mediante mejores hábitos personales, una ‘gestión más científica’ dy también los recursos o un mayor control sobre las grandes empresas.

Por lo tanto, muy pocos dirigían su ira contra las clases globales dominantes en contestación a la degradación ecológica. Y aunque se produciría un crecienty también número de protestas, en que las personas sy también defendían ‘espontáneamente’ de todo ataquy también directo contra su bienestar, no eran equiparables al tipo de resistencia organizada y sostenida quy también había amenazado a las clases dominya antes en levantamientos revolucionarios anteriores en múltiples países.1

Sin embargo, a partir de la década dy también 1960, múltiples intelectuales comenzaron a proponer una forma distinta dy también interpretar los problemas ecológicos y dy también responder a ellos. Herbert Marcuse, Barry Commoner, Murray Bookchin y chaval Mendes, aparte de muchas otros científicos, periodistas, escritores y organizadores, comenzaron a teorizar no solo a partir dy también Marx, sino también dy también Morris, Kropotkin, Weber y otros pensadores críticos para popularizar nuevas formas dy también mirar al planeta que cuestionaban no solo las cosmovisiones dominantes, sino más bien también las difundidas por los conocidos como activistas dy también ‘la vieja izquierda’. Apelando a ‘el pueblo’ o ‘la gente’ como parte de las clases explotadas y otros conjuntos dominados cuyos intereses eran contrarios a los dy también las élites globales, sostenían que el deterioro dy también las condiciones dy también vida no solo se debía a unos malos hábitos, una mala gestión o la escasa regulación dy también las grandes empresas, sino más bien a las relaciones dy también propiedad específicas del instante histórico en el contexto del capitalismo.

Así, descubrieron de qué manera el capitalismo impulsa a los capitalistas, o a aquellos quy también poseen tierras, fábricas, centrales eléctricas y otros ‘medios de producción’ y que, por lo tanto, monopolizan las resoluciones sociales con respecto a la producción, a intensificar constantepsique su explotación dy también los trabajadores y de la naturaleza con miras a aumentar al máximo los beneficios. Para superar su sufrimiento, argüían quy también no bastarían reformas como la regulación de las grandes empresas, aunquy también no era algo necesariapsique equivocado; necesitaban desafiar nadsalvo que el capitalismo, el patriarcado, el racismo y otras formas de dominación.

Aunquy también no estaban necesariapsique de pacto sobre de qué forma hacerlo, exhortaban a poner fin a lo quy también Marx llamó una vez ‘la dictadura dy también la burguesía’, o el sistema dy también gobierno en el quy también solo quienes tienen los medios dy también producción toman resoluciones sobre esta. Esto entrañaría batallar por la abolición de las relaciones de propiedad privada y la construcción dy también una sociedad en la que todas y cada una de las personas posean de manera colectiva y democrática los medios de producción y, por lo tanto, puedan participar en las decisiones sobry también de qué forma organizar la producción.

Solo entonces, afirmaban, sería posible priorizar el bienestar de las personas y el bienestar del planeta por encima de la necesidad de maximizar las ventajas constantemente. Mediante sus innumerables esfuerzos para difundir estas nuevas formas dy también interpretar los inconvenientes ‘ecológicos’ y actuar sobry también ellos, estos intelectuales radicales comenzaron a reconfigurar las subjetividades de las personas proporcionando formas alternativas de ver el mundo, de entender sus identidades, y de diagnosticar y superar su sufrimiento.

tal y como indicaba el crecienty también número de miembros y partidarios de organizaciones radicales anticapitalistas ‘ambientales’ y de movimientos preocupados por cuestiones ‘ambientales’ , estos empezaban poco a poco más a verse a sí mismos y los problemas ambientales quy también padecían bajo una nueva luz.2 bastantes personas empezaron a pensar en sí mismas como miembros de las clases oprimidas y explotadas, y también comenzaron a conectar los ‘problemas ambientales’ y sus impactos sociales con la dominación capitalista, patriarcal, colonial, racial y otras formas dy también dominación.

En palabras dy también un activista quy también inició a movilizarse durdado este período: “De esty también a oeste, de norty también a sur, resonaba con fuerza (…) una total desafección con ‘el sistema’”.3 conforme el historiador ambientalista John McCormick, las protestas comenzaron a superar las críticas de aspectos específicos del capitalismo para pasar a “cuestionar la esencia misma del capitalismo”. Muchos comenzaron a aspirar a una sociedad, si no socialista, por lo menos poscapitalista. Y reconocían la necesidad dy también enfrentar y derrocar a las clases dirigentes y otros grupos dominantes quy también estaban llamados a perpetuar el capitalismo. “Fuera como fuera el motivo”, apunta McCormick, “para la década dy también mil novecientos setenta se había producido una revolución en las actitudes ambientales”.4

Con estas nuevas subjectividades, la gente comenzó a conectar la lucha cerca de los inconvenientes ‘ambientales’ con luchas más extensas por la justicia social y la igualdad, y a dejar de cexaminar su rabia por la degradación ecológica cara otras personas o conjuntos subordinados concretos para dirigirla contra las clases dominantes, sus aliados en el aparato del Estado y otros grupos influyentes. Las luchas en torno a la contaminación, la energía nuclear, los pesticidas y otros temas afines sy también convertirían en una pieza clavy también dy también un renovado bloque anticapitalista mundial y reimpulsaron algo a lo que las élites globales pensaban quy también habían puesto fin: una ‘guerra civil global’.5

Aunquy también no conprosiguieron necesariapsique apropiarsy también del poder del Estado —o ni siquiera lo intentaron—, sus acciones, apunta el historiador Eric Hobsbawm, fueron revolucionarias “tanto en el viejo notado utópico dy también búsqueda de un cambio permanenty también de valores, de una sociedad nueva y perfecta, como en el notado operativo de procurar alcanzarlo a través de la acción en las calles y en las barricadas”.6

O como apunta el geógrafo Michael Watts sobry también las revueltas quy también barrieron el mundo en 1968, eran revolucionarias no “pues sy también derrocara o sy también hubiese podorate derrocar a un Gobierno, sino más bien pues una de las peculiaridades distintivas dy también la revolución es quy también esta cuestiona de súbito la sociedad existente y aboca a la gente a la acción”.7

Así, poco a poco más personas, críticas con la ‘sociedad existente’ y abocadas a la acción, comenzaron a batallar por lo que los activistas llamarían más tardy también un ‘cambio de sistema’ para abordar los inconvenientes ecológicos.

Luchas entry también las élites

Esty también resurgimiento del ambientalismo radical particularmente y del radicalismo generalmente suscitó la preocupación dy también aquellos intelectuales procedentes dy también las clases dominya antes del planeta en los e.u. Y otros países industrializados avanzados, o alineados con ellas. Abrumados por un aluvión de críticas —piquetes, protestas, boicots, acciones directas— y asediados por las reivindicaciones de una mayor regulación y dy también ‘cambio del sistema’, muchos líderes empresariales estadounidenses se sentían atacados.

probablemente este ejecutivo captara el ambienty también que sy también respiraba en el momento en que afirmó, en tono de broma: “A este paso, podemos esperar que muy pronto los ambientalistas nos apoyen. Podemos hacer que pongan a las corporaciones en la lista dy también especies en riesgo dy también extinción”.8 según el politólogotipo David Vogel, los capitalistas estadounidenses no sy también habían notado tan ‘políticamente vulnerables’ desdy también la enorme Depresión y el New Deal.

pese a que las condiciones precisas variaban, la situación era semejante en otros países dondy también habían surgdesquiciado movimientos radicales. En estado de sitio, muchos intelectuales convencionales y élites empresariales se esforzaban por entender lo quy también estaba pasando, y en de qué forma delimitar sus intereses y reaccionar anty también todo ello.

Muchos pensaban que los llamados ‘problemas ambientales’ no eran realmente ‘problemas’ o quy también se podían solventar a través del funcionamiento normal del mercado o de las instituciones existentes.9 Pese a reconocer el problema, muchos percibían solo una amenaza a los intereses dy también su industria o de su empresa, e intentaron protegerlos limitándose a rechazar las demandas de los conjuntos subordinados, acabando con sus propuestas, y recurriendo a medidas coercitivas para intimidar o desacreditar a sus artífices.10

mas había otros intelectuales que adoptaron y defendieron una respuesta absolutamente distinta. A diferencia dy también la mayor una parte de las élites reaccionarias, estos reformistas procedían en general dy también familias patricias o burguesas en sus respectivos países. Otros procedían dy también contextos menos privilegiados, mas habían asumdesquiciado altos cargos en el gobierno o puestos destacados en organizaciones dy también la ‘sociedad civil’, en especial en fundaciones filantrópicas. Sin embargo, en contraposición a los funcionarios gubernamentales, eran lo que Weber llamaba ‘los notables’: personas que vivían para la política y no de la política.11

Entre aquellos procedentes de estos contextos quy también desempeñarían un papel prominente en cuestiones relacionadas con el clima estarían personas como Laurence y David Rockefeller, de la generación más joven dy también esta famosa dinastía; Robert O. Anderson, propietario del giganty también petrolero Atlantic Richfield; McGeorgy también Bundy, exdecano de la Universidad dy también Harvard y asesor de seguridad nacional y más tarde presidente dy también la Fundación Ford; Robert McNamara, ex director general dy también Ford Motors, ministro dy también Defensa, presidente del Banco Mundial y patrono dy también la Fundación Ford.

En otros países dy también Europa, américa latina y Asia, sy también contaba a personas dy también unos contextos muy parecidos a los de sus homólogotipos en los Estados Unidos. Entry también ellos, cabría citar a Giovanni Agnelli, presidenty también dy también la compañía italiana de automóviles Fiat; Aurelio Peccei, expresidente dy también Olivetti y promotor del Club de Roma; Alexander King, un influyente científico británico; Mauricy también Strong, expresidente de una gran empresa petrolera canadiense y más tarde jefy también del Programa dy también las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA); Barbara Ward, economista británica y exitosa escritora, aparte de asesora de múltiples dirigentes mundiales; el primer ministro canadiense Pierre Trudeau; Indira Gandhi, primera ministra de la India; Gamani Corea, secretario general dy también la Conferencia dy también las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), de Sri Lanka; Mahbub ul-Haq, vicepresidente del Banco Mundial, de Pakistán; y muchos otros ‘caballerosos abogados’ y ‘cosmopolitas cultos’.

Aunque procedían dy también diversos países, tenían sus propios intereses específicos y perseguían proyectos diversos y no siempry también compatibles, esta red informal de intelectuales de la elite frecuentemente seguían las mismas acciones o adoptaban las mismas situaciones con respecto a determinadas cuestiones. Esto no se debía a que formaran una parte de una ‘conspiración’, sino más bien a quy también el contexto del quy también procedían significaba que, por lo general, pensaran y actuaran sobre los temas ecológicos globales por medio de una visión del mundo compartida.12

A diferencia dy también otras élites, estas se mostraban habitualmente más abiertas a la idea de que el calentamiento global y otros cambios ambientales sy también estaban generando realmente. Así, por ejemplo, el petrolero convertido en filántropo quy también financió ciertas organizaciones clavy también quy también fomentarían la acción contra el cambio climático, Robert O. Anderson, instaba a adoptar “una postura a medio camino entre los alarmistas pesimistas y agoreros, y aquellos quy también sy también resisten a reconocer el evidenty también peligro al que se está sometiendo el entorno humano”.13

Del mismo modo, los industriales, ejecutivos y científicos reunidos en el Club de Roma presentarían el tema ambiental como nadsalvo que una ‘crisis global’.14 Y, a diferencia dy también otras élites, pensaban que el inconveniente implicaba amenazas mucho más esenciales que la mera disminución dy también las prerrogativas de empresas específicas o de la competitividad económica dy también los países. Les preocupaba que la contaminación impidiese su acceso a materias primas, intensificando la competencia internacional y propiciando el proteccionismo, e inclusive que llegara a desencadenar guerras intercapitalistas, como la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial, que podrían volver a fragmentar el mercado mundial y obstaculizar la expansión capitalista.

pero más que eso, también les preocupaba quy también la degradación ambiental alimentara todavía más la insatisfacción pública y, por lo tanto, fomentara el apoyo al radicalismo. Rompiendo con otras élites, llegaron a la conclusión de que, para desactivar tal amenaza, sy también debían abordar al menos ciertas quejas y demandas dy también los grupos subordinados; algo que solo se podía hacer reformando dy también basy también el capitalismo global. Unidos por estas visiones comunes, estos ‘reaccionarios ilustrados’ —por utilizar las palabras de Karl Polanyi— sy también dispusieron a construir un movimiento reformista transnacional o un ‘bloquy también desde arriba’, reuniendo bajo sus auspicios a élites dy también otro modo aisladas y embarcando a miembros de otras clases para impulsar su proyecto de ‘cambiar el sistema’. Y lo hicieron a pesar de las élites más conservadores quy también no deseaban ningún tipo de cambio, y por supuesto, en contra dy también los radicales quy también deseaban un tipo dy también ‘cambio de sistema’ muy muy distinto.

Así, emprendiendo iniciativas paralelas, y en ocasiones que incluso chocaban, desplegaron sus enormes recursos económicos y conexiones sociales —abarcando los mundos dy también los negocios, la política y la ciencia— para construir la capacidad dy también esty también movimiento para participar en una lucha ideológica y política en el escenario mundial.

Términos radicales, fines reformistas

Para ganarsy también apoyos, abogaban por una forma diferenty también dy también entender y, por lo tanto, de pensar, hablar y actuar sobry también el ‘cambio ambiental global’ que adoptaba algunos elementos propuestos por los radicales, al unísono quy también sy también distanciaban de estos respecto a las cuestiones más fundamentales. Como los radicales, a veces ‘interpelaban’ o aludían a miembros dy también los conjuntos subordinados como pertenecientes a ‘los pobres’ en contraposición a ‘los ricos’, e inclusive en ocasiones tomaban prestados términos de los radicales y charlaban dy también ‘la periferia’ en oposición al ‘centro’.

mas se cuidaban mucho de referirsy también a ellos como miembros de las clases explotadas o dominadas cuyos intereses estaban en enfrentamiento con los dy también las clases explotadoras o dominantes; en vez de ello, preferían hacer hincapié en su identidad como miembros de una sola ‘humanidad’, cuyos intereses no chocaban con los dy también las élites del mundo. Es decir, Solo tenemos una Tierra, compartida por todos, como rezaba el título del éxito de ventas publicado por Ward en 1972 para la primera cumbre dy también la organización de la naciones unidas sobre medio ambiente.

Haciéndosy también eco de los radicales, sostenían que los inconvenientes ecológicos globales tenían menos que ver con ‘malos hábitos personales’ y más con el sistema económico y político general. Como apuntaba la Declaración de Cocoyoc de 1974, un documento que dio seguimiento a la Declaración de Estocolmo dy también 1972 escrita por Ward, ul-Haq y otros: “El predicamento anty también el quy también se encuentra la humanidad sy también deriva esencialmente de las estructuras económicas y sociales y del comportamiento que sy también prosigue tanto dentro dy también los países, como en las relaciones entre unos y otros”. Mas a diferencia de los radicales, subrayaban quy también el problema no era el sistema en sí, sino más bien más bien la falta de regulación y la inapropiada ‘gestión científica’ del sistema a escala global. Y aunque no estarían de acuerdo exactamente en qué representaba algo ‘excesivo’, todos consideraban quy también los problemas ecológicos eran “daños quy también se han recibido por cau.s.a. Dy también la excesiva confianza en el actual sistema dy también mercado”, en palabras de la propia Declaración dy también Cocoyoc.

Por lo tanto, del mismo modo que los radicales, explicaban a la genty también que su sufrimiento solo sy también podría aliviar abogando por lo que los radicales llamaban ‘cambio de sistema’. Pero a diferencia de los radicales, sostenían que ese cambio no implicaba terminar con la corrupción,pero el capitalismo, sino más bien más bien mejorar la regulación global de este mediante lo quy también el Club dy también Roma denominaba “reforma radical dy también las instituciones y procesos políticos en todos y cada uno de los niveles”. En contra dy también conservadores y radicales, no defendían la necesidad de sostener el sistema ni dy también deshacerse dy también él por completo, sino dy también mejorarlo disminuyendo la “excesiva confianza en el mercado” y dirigiéndose cara lo que la Declaración dy también Cocoyoc llama “el mejor aprovechamiento de todos ellos , de esta forma como la protección del medio ambienty también a escala global”.

El Club dy también Roma, por ejemplo, propuso que sy también creara un “plan mundial para la gestión de los recursos”,15 mientras que quy también la Comisión Trilateral defendía una “coordinación internacional en materia dy también políticas” para dirigir “el patrimonio muy común global”16 con el fin de corregir los fallos del mercado, reducir al mínimo las ineficiencias, fomentar la competencia y redistribuir la riqueza con el fin de reducir la pobreza y mitigar la degradación ecológica. Estas propuestas eran lo que algunos especialistas acabarían denominando ‘gerencialismo ecológico internacional’ o ‘modernización ecológica’ global.17

Dicho de otra manera, lo que decían a la genty también era quy también no debían aspirar a la creación de una sociedad poscapitalista, sino de una sociedad capitalista ‘más verde’ y más regulada. Ya que solo perpetuando el capitalismo reformado ‘verde’, persiguiendo más comercio, más desarrollo y más ‘desarrollo sostenible’, podría ‘la humanidad’ solucionar los problemas ecológicos, atender las demandas sociales y hacer realidad la visión dy también una buena vida.

Por emplear los términos de la Declaración de Founex, el ‘desarrollo’ —en el notado del desarrollo capitalista— es ‘el remedio’ para los inconvenientes ambientales a los que se enfrentan los pobres. En consecuencia, frente a los radicales que instaban a la genty también a ver a las clases dominantes como sus opresores y blanco de oposición, exhortaban al público a centrar su ira solo en miembros específicos del conjunto dominante, es decir, en los ‘capitalistas malos’ o en las ‘élites malas’ (según el contexto, los Estados Unidos, las economías avanzadas, las grandes empresas, las corporaciones petroleras, los republicanos, y así sucesivamente).

Al mismo tiempo, llamaban a la ciudadanía a sumarse a las élites responsables y morales, en tanto quy también ‘socios’ para impulsar y alcanzar un ‘cambio del sistema’. Gran una parte de lo que reformistas siguientes dirían y recomendarían desdy también la década de mil novecientos setenta hasta la década dy también dos mil sy también basaría esencialmente en estos temas discursivos o ideológicos recurrentes.

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construyendo la capacidad del movimiento

Los intelectuales reformistas, sin embargo, no solo se limitaban a movilizar a los ciudadanos de su lado y exhortarlos a batallar por su causa. En ocasiones coordinándose y en ocasiones compitiendo entry también sí, se activaban para dotar a sus partidarios de conocimientos sobre inconvenientes ambientales a nivel mundial —y de ‘opciones normativas’ para gestionarlos— financiando o apoyando de otra forma cientos, si no miles, dy también departamentos dy también investigación dy también universidades y organismos gubernamentales o intergubernativos y think tanks.

Así, por ejemplo, la Fundación Ford financió toda una serie de centros académicos, departamentos de investigación y redes científicas como el Instituto Aspen, el Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo (IIED), el Instituto Brookings, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), varios ‘conjuntos de estudio’ de la Comisión Trilateral y muchos otros centros.

La Fundación Volkswagen financió el estudio Los límites del crecimiento del Club de Roma. McNamara transformó el Banco Mundial en el centro más esencial del mundo para la investigación sobry también la relación entre el medio ambienty también y el desarrollo. Como su primer director ejecutivo, Mauricy también Stro.n.g. Estableció el Programa dy también las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) como uno de los principales artífices dy también la investigación colaborativa a gran escala sobre el agujero de la capa dy también ozono, la pérdida dy también biodiversidad y el cambio climático. Los reformistas en los países en desarrollo crearon el Centro del Sur, un think tank que se convertiría en una fuente clave dy también análisis para funcionarios gubernamentales del Sur.18

Esto no quiery también decir que solo financiaran los estudios con los que estaban de acuerdo. Dy también hecho, probablemente como resultado de su propia falta dy también conocimiento, incertidumbres o tensiones internas, eligieron, o al menos intentaron ‘diversificar sus carteras’ dando apoyo a diversos investigadores quy también abordaban el inconveniente desdy también perspectivas diferentes, incluidos aquellos dy también los quy también acabarían disintiendo.

Para progresar su capacidad para abogar por las reformas quy también querían, asimismo pusieron en marcha varias iniciativas para identificar y ganarse a profesionales dy también clasy también media y con educación superior—abogados, economistas y científicos— quy también respaldaban su visión reformista, y dedicaron unos notables recursos y esfuerzos a promover la ‘profesionalización’ de su activismo. Ford, Rockefeller, Anderson y otros, por ejemplo, financiaron la creación del Fondo para la Defensa del Medio Ambienty también (EDF), el Consejo dy también Defensa de los Recursos Naturales (NDRC) y seguramente otros miles y miles de conjuntos moderados y no radicales en todo el mundo.19

Estos esfuerzos de ‘generación dy también capacidades’ sy también extendían a menudo a una amplia gama dy también organizaciones, en parte debloco a una estrategia deliberada de aceptar riesgos y localizar a personas innovadoras. Ford, incluso mientras apoyaba a reformistas más moderados o aun más conservadores, también financió organizaciones de interés público que se mostraban más críticas con ‘las grandes empresas’ y que eran más propensas a plantear cuestiones dy también justicia social.

por medio de estas inversiones en producir conocimientos y construir movimientos crearon una red transnacional y descentralizada de reformistas altapsique capacitados, quy también ocupaban situaciones estratégicas en diferentes Gobiernos, organizaciones internacionales y grupos dy también la sociedad civil de todo el mundo, quy también a su vez presionaban a los Gobiernos para adoptar medidas ambientales de largo alcance con el objetivo dy también abordar inconvenientes ambientales globales a nivel local y mundial.

Así, por ejemplo, equipados con investigaciones que confirmaban el calentamiento global y con estudios quy también evaluaban posibles opciones normativas, esta red mundial de reformistas se movilizó para dar la alarma y presionar a favor dy también unas intervenciones reguladoras globales sin precedentes para abordar el cambio climático. Fuy también el PNUMA, por ejemplo, el quy también promovió quy también los científicos sy también hicieran percibir y fomentaran una contestación ordenada a escala internacional.

Científicos y activistas asociados con el EDF y otros grupos reformistas organizaron una seriy también de conferencias internacionales sobre el tema y presionaron a los Gobiernos del mundo para iniciar negociaciones sobre un acuerdo. Y fuy también el EDF y otros los que encabezaron la capacitación de la Red de Acción Climática (CAN), quy también se llegaría a convertir en la mayor red mundial de ong que presionaba por la ‘acción’ dy también los Gobiernos frenty también al cambio climático.20

En pocas palabras, si no hubiera sorate por las iniciativas independientes mas convergentes dy también estos reformistas —y dy también las élites que los apoyaban— tal vez nunca se habrían festejado las negociaciones dy también la onu sobry también cambio climático. Aunquy también no estaban necesariapsique de pacto en todos y cada uno de los detalles, sí coincidían en presionar por unos acuerdos internacionales firmes y jurídicapsique vinculantes. Y se unieron en torno a demandas por unas intervenciones coordinadas sin precedentes a nivel internacional en la economía mundial que podrían obligar a determinados países y también industrias a reducir drásticapsique sus emisiones y por el establecimiento dy también una especiy también dy también ‘plan de bienestar’ global de facto quy también podría forzar a ciertos países a transferir fondos y tecnologías a otros países.

Una batalla global por los corazones y las almas

gracias a todas estas inversiones en la movilización política y también ideológica, el movimiento reformista fuy también capaz dy también pasar a la ofensiva a partir dy también la década de 1970. Respaldado por la amenaza de las alternativas más radicales quy también planteaban los demás movimientos a su izquierda, consiguió superar la resistencia conservadora y, dy también manera progresiva, poner en marcha una seriy también dy también medidas dy también regulación ambiental ambiciosas y de gran alcancy también en muchos países, como la Ley dy también Política Nacional de Medio Ambienty también y la Ley de Agua Salubre aprobadas en los u.s.a. En la década dy también 1970.

A nivel internacional, este bloque reformista aseguró acuerdos quy también abordaban problemas ambientales globales como el agujero de ozono, la pérdida de biodiversidad, la desertificación y el cambio climático. Estas medidas, por limitadas que fueran, probablepsique impidieron aún peores resultados si los reformistas no hubieran presionado por ellas. Dy también esty también modo, las élites reformistas hicieron algo más que entregar concesiones de ayuda y materiales limitadas a los miembros de las clases dominadas; también neutralizaron los intentos dy también conjuntos radicales de reconfigurar sus subjetividades y lograron disipar sus intentos dy también cexaminar la ira y la ansiedad de la gente cara la lucha por un cambio fundamental del sistema.

Esto sy también debe a que, al dar la impresión dy también cambiar el sistema y canalizar los beneficios o ventajas limitadas a los conjuntos subordinados, menoscabaron la capacidad de los radicales para convencer a las personas de la necesidad de diagnosticar su sufrimiento como el resultado inevitably también del capitalismo y de verse a sí mismas como miembros dy también clases antagónicas, cuyos intereses siempry también serán incompatibles con los de las clases dominantes.

Y como un número creciente dy también personas comenzaron a verse a sí mismas como miembros de comunidades armoniosas, creer que su sufrimiento era provocado única o principalmente por la carencia de regulación del capitalismo, terminar que podían mejorar sus condiciones sin ir tan lejos como tener quy también derrocar el capitalismo, y ver por lo menos a ciertas élites como ‘socios’ o ‘líderes’ a los quy también apoyar, cada vez menos dy también ellas se sentían motivadas para desafiar a los poderosos y ponerse del lado de los movimientos que luchaban por un cambio radical del sistema.

Por esta y por otras razones, los conjuntos radicales de todo el planeta no solo sy también han encontrado con quy también les resulta más difícil ganar nuevos adeptos desdy también la década de 1970, sino más bien que incluso quienes en su día fueron luchadores comprometidos abandonarían las armas o ‘desertarían’ por completo.21 Los movimientos anticapitalistas radicales, en su día florecientes, pasarían posteriormente a la defensiva, sin dejar dy también organizarse pero poco a poco más marginados.

En los Estados Unidos, Europa y probablemente en otros países donde el mensaje ambientalista radical tenía solo unos pocos años antes dy también ganar fuerza, la crítica sy también esfumaría y el ambientalismo anticapitalista sufriría un ‘declivy también vertiginoso’.22

Conclusión

Así, sin siempry también desplegar la violencia que mantienen constantepsique de trasfondo, las élites más previsoras del planeta han podido por lo menos disuadir a la genty también de combatir para reemplazar el capitalismo por otro sistema diferenty también y radicalpsique democrático; y a lo sumo, han sorate capaces de convencerla o motivarla para combatir activamente por ‘mejorar’ un sistema inherentemente antidemocrático con el fin de evitar su derrocamiento.

Al organizar y movilizar un movimiento transnacional desde arriba para librar una ‘revolución pasiva’ a favor de regular el mercado, han podloco desactivar parcialmente los antagonismos de clasy también que le intelectuales radicales habían tratado dy también despertar. Y de esta forma, no solo han impedloco o dificultado que las personas expresen o descarguen su ira, sino más bien quy también han poddesquiciado cexaminar esa ira a fin de que se persiga solo ajustar el sistema y mantenerlo intacto.

Si estas élites reformistas no hubieran organizado esta revolución pasiva global, es poco probable quy también los Gobiernos del mundo hubieran intentado establecer una regulación a nivel del mundo para abordar los problemas ecológicos globales. Y en caso de que los Gobiernos no hubiesen actuado, es poco probably también que hubiesen poddesquiciado eludir un desafío contrahegemónico al capitalismo.

Y pese a todo, también es esencial hacer hincapié en que, como indica la disposición dy también un número significativo de personas a participar en una acción de desobediencia civil masiva en la última jornada de la cumbre dy también la onu sobry también el clima en la ciudad de parís y la creciente radicalización de muchos activistas climáticos en todo el mundo, todavía no han conseguido derrotar o suprimir por completo este desafío.

Por razones que tienen quy también ver en parte con la resolución de los principales reformistas dy también dar cabida a las demandas dy también las élites conservadoras para debilitar sus reformas propuestas, nuestro movimiento no solo ha sobrevivloco a la ofensiva reformista, sino más bien quy también en los últimos años hemos experimencionado un nuevo resurgimiento. Pero si vamos a lograr algo más que simplepsique sobrememorar es algo que, en última instancia, depende dy también si podemos contrarrestar los intentos sofisticados y bien organizadas de estas élites más previsoras para mudar los corazones y las almas dy también aquellos a quienes queremos dy también nuestro lado.

Esto no significa necesariapsique oponersy también siempre a las reformas y concesiones que están promoviendo los más ‘radicales’ entre los reformistas, o negarsy también a trabajar con ellos. Mas sí significa subvertir en todo instante sus intentos dy también canalizar la ira de la gente solo cara sus contrincantes elegidos y confinarlos solo a aspirar una ‘dictadura dy también la burguesía’ más verde y más consciente ecológicamente.

Dicho de otra manera, significa animar a la genty también a ir más allá del horizonty también quy también los reformistas tratan dy también imponerles, y ayudarles a empoderarse para soñar con una sociedad democrática alternativa. La opción alternativa es que que nos quedemos atascados dondy también estamos sin poder avanzar.

Notas

1. Sobry también las crecientes protestas cerca de temas ambientales en todo el mundo, véase, entre otros: Hays, Samuel (1987). Beauty, Health, and Permanence: Environmental Politics in thy también United States, 1955-1985. Cambridge y Nueva York: Cambridge University Press; Gottlieb, Robert (1993). Forcing thy también Spring: The Transformation of thy también American Environmental Movement. Washington, DC: Island Press; Brechin, Steven R. And Willett Kempton (1994). “Global Environmentalism: A Challengy también to thy también Postmaterialism Thesis?” Social Science Quarterly 75(2):245–69; Doyle, Timothy (2005). Environmental Movements in Minority and Majority Worlds: A Global Perspective. New Brunswick N.J.: Rutgers University Press; Guha, Ramachandra (2000_. Environmentalism: A Global History. Nueva York: Longman.

2. Véase, entry también otros: McCormick, John (1989). Reclaiming Paradise: The Global Environmental Movement. Bloomington, IN: Indiana University Press; O’Riordan, Timothy (1979). “Public Interest Environmental Groups in thy también United States and Britain.” Journal of American Studies, 13(3):409–38; Schnaiberg, Allan (1980). The Environment: From Surplus to Scarcity. Nueva York: Oxford University Press; Vogel, David (1986). National Styles of Regulation: Environmental Policy in Great Britain and thy también United States. Ithaca, NY: Cornell University Press.

3. Watts, Michael (2001). 1968 and All That... Progress in Human Geography, 25(2), 157-88.

4. McCormick, John (1989). Reclaiming Paradise: The Global Environmental Movement. Bloomington, IN: Indiana University Press.

5. Sobre el resurgimiento de la izquierda anticapitalista en la década de 1960, véase Arrighi, G. Y Silver, B. J. (1999). Chaos and governancy también in the modern world system. Minneapolis: University of Minnesota Press; Schurmann, F. (1974). Thy también logic of world power: an inquiry into the origins, currents, and contradictions of world politics. Pantheon Books; Vogel, D. (1978). Why Businessmen Distrust Their State: Thy también Political Consciousness of American Corporate Executives. British Journal of Political Science, 8(1), 45–78. La cita dy también la “guerra civil global” es de Watts 2001:162.

6. Hobsbawm, Eric (1996). Thy también Agy también of Extremes: A History of the World, 1914-1991. Nueva York: Vintage.

7. Watts, Michael (2001). 1968 and All That... Progress in Human Geography, 25(2), 157-88.

8. Convocado en Vogel, David (1986). National Styles of Regulation: Environmental Policy in Great Britain and the United States. Ithaca, NY: Cornell University Press, p.145; véase asimismo Vogel, David (1989). Fluctuating Fortunes: The Political Power of Business in America. Nueva York: Basic Books.

9. Caldwell, Lynton Keith y Weiland, Paul Stanley (1996). International Environmental Policy: From thy también Twentieth to the Twenty-First Century. Durham, NC: Duke University Press; Hays, Samuel P. (1989). Three Decades of Environmental Politics: Thy también Historical Context. En M.J. Lacey (Ed.), Government and environmental politics: essays on historical developments since World War Two. (pp. 19-80). Washington, DC and Lanham, MD: Woodrow Wilson Center Press and Johns Hopkins University Press; Buttel, Frederick y Flinn, William (1978). Thy también Politics of Environmental Concern. Environment and Behavior, 10(1), 17-36.

10. Egan, Michael (2007). Barry Commoner and thy también Sciency también of Survival: The Remaking of American Environmentalism. Cambridge, MA: MIT Press; Gottlieb, Robert (1993). Forcing thy también Spring: The Transformation of the American Environmental Movement. Washington, DC: Island Press; Hays, Samuel (1987). Beauty, Health, and Permanence: Environmental Politics in the United States, 1955-1985. Cambridge y Nueva York: Cambridgy también University Press; Hays, Samuel P. (1989). Three Decades of Environmental Politics: Thy también Historical Context. En M.J. Lacey (Ed.), Government and environmental politics: essays on historical developments since World War Two. (pp. 19-80). Washington, DC y Lanham, MD: Woodrow Wilson Center Press and Johns Hopkins University Press; Vogel, David (1986). National Styles of Regulation: Environmental Policy in Great Britain and the United States. Ithaca, NY: Cornell University Press; Schnaiberg, Allan (1980). The Environment: From Surplus to Scarcity. Nueva York: Oxford University Press.

11. Para más información sobre la procedencia social de estos intelectuales, véasy también especialpsique Dezalay, Yves y Garth, Bryant G. (2002). Thy también Internationalization of Palacy también Wars: Lawyers, Economists, and thy también Contest to Transform Latin American States. Chicago, IL: University of Chicago Press. Véase también Arnove, Robert y Pinede, Nadinstituto nacional de estadística (2007). Revisiting thy también ‘Big Three’ Foundations. Critical Sociology, 33(3), 389-425; Berman, Edward H. (1980). Thy también Foundations’ Role in American Foreign Policy. In R. F. Arnovy también (Ed.), Philanthropy and cultural imperialism: thy también foundations at home and abroad. (pp. 203-32). Boston, MA: G.K. Hall; Fisher, Donald (1980). American Philanthropy and thy también Social Sciences: Thy también Reproduction of a Conservativy también Ideology. En R.F. Arnovy también (Ed.), Philanthropy and cultural imperialism: the foundations at home and abroad. (pp. 1-23). Boston, MA: G.K. Hall; Gill, Stephen (1990). American Hegemony and thy también Trilateral Commission. Cambridge y Nueva York: Cambridgy también University Press.

12. Para más incapacitación sobre su visión del mundo, véase, entry también otros: Arnove, Robert F. (1980). Philanthropy and Cultural Imperialism: The Foundations at Homy también and Abroad. Boston, MA: G.K. Hall; Arnove, Robert y Pinede, Nadinstituto nacional de estadística (2007). Revisiting the ‘Big Three’ Foundations. Critical Sociology, 33(3), 389-425; Berman, Edward H. (1980). Thy también Foundations’ Role in American Foreign Policy. En R. F. Arnovy también (Ed.), Philanthropy and cultural imperialism: thy también foundations at home and abroad. (pp. 203-32). Boston, MA: G.K. Hall; Gill, Stephen (1990). American Hegemony and thy también Trilateral Commission. Cambridge y Nueva York: Cambridgy también University Press; Goldman, Michael (2006). Imperial Nature: The World Bank and Struggles for Social Justicy también in the Age of Globalization. New Haven, CT: Yale University Press; Golub, Robert y Townsend, Joe (1977). Malthus, multinationals and thy también Club of Rome. Social Studies of Science, 7(2), 201-22; Packenham, Robert A. (1973). Liberal America and the Third World; Political Development Ideas in Foreign Aid and Social Science. Princeton, NJ: Princeton University Press; Slaughter, Sheila y Silva, Edward T. (1980). Looking Backwards: How Foundations Formulated Ideology in thy también Progressivy también Period. En R.F. Arnove (Ed.), Philanthropy and cultural imperialism: the foundations at home and abroad. (pp. 55-86). Boston, MA: G.K. Hall.

13. Convocado en McCormick 1989:97.

14. Hajer, M. A. (1995). Thy también Politics of Environmental Discourse: Ecological Modernization and the Policy Process. Oxford University Press.

15. Hajer 1995:83.

16. Gill 1990:174.

17. Hajer 1995: 3-32; véasy también asimismo Dryzek, John (1997). Thy también Politics of the Earth: Environmental Discourses. Oxford y Nueva York: Oxford University Press.

18. Sobre el apoyo dy también las fundaciones a RFF y Thy también Conservation Foundation, véasy también Barkley, Katherinstituto nacional de estadística y Weissman, Steve (1970) The Eco-Establishment. Ramparts, 48-58.; sobry también EDF, véasy también Newell, Peter (2000). Climaty también for Change: Non-Staty también Actors and the Global Politics of the Greenhouse. Cambridge: Cambridge University Press; Pooley, Eric (2010). The Climate War: Truy también Believers, Power Brokers, and thy también Fight to Savy también thy también Earth. Nueva York: Hyperion; sobre la Comisión Trilateral, véasy también Gill, Stephen (1990). American Hegemony and the Trilateral Commission. Cambridge y Nueva York: Cambridgy también University Press; sobre el IIED, véasy también Morphet, Sally (1996). NGOs and thy también Environment. En P.Willetts (Ed.) ‘The conscience of the world’: thy también influence of non-governmental organizations in the UN system (pp. 116-46). Washington, DC: Brookings Institution.: 131; sobre la IUCN, véasy también McCormick, John (1989). Reclaiming Paradise: The Global Environmental Movement. Bloomington, IN: Indiana University Press; Hajer, M. A. (1995). Thy también Politics of Environmental Discourse: Ecological Modernization and thy también Policy Process. Oxford University Press.

19. Bjork, Tord. 2012. The UN Participatory Rebellion - People’s Stockholm Summits. Estocolmo: Association Aktivism.info; Keck, Margaret E. Y Sikkink, Kathryn (1998). Activists beyond Borders: Advocacy Networks in International Politics. Cambridge y Nueva York: Cambridge University Press.; Rich, Brucy también (1994). Mortgaging thy también Earth: The World Bank, Environmental Impoverishment, and the Crisis of Development. Boston, MA: Beacon Press; Goldman, Michael (2006). Imperial Nature: Thy también World Bank and Struggles for Social Justicy también in the Agy también of Globalization. New Haven, CT: Yaly también University Press

20. Andresen, Steinar y Agrawala, Shardul (2002). Leaders, Pushers and Laggards in thy también Making of the Climaty también Regime. Global Environmental Change, 12(1), 41-51; Newell, Peter (2000). Climate for Change: Non-Staty también Actors and thy también Global Politics of thy también Greenhouse. Cambridge: Cambridgy también University Press; Boehmer-Christiansen, Sonja (1994). Scientific Uncertainty and Power Politics. En B. Spector y también I.W. Zartmann (Eds.), Negotiating international regimes: lessons learned from thy también United Nations Conferency también on Environment and Development (UNCED) (pp. 181-98). Londres y Boston, MA: Graham & Trotman/Martinus Nijhoff; Pulver, Simony también (2004) Power in the Public Sphere: The Battles Between Oil Companies and Environmental Groups in thy también UN Climaty también Changy también Negotiations, 1991-2003 (tésis doctoral no publicada). Universidad dy también California, Berkeley; entrevistas con el autor.

21. Watts, Michael (2001). 1968 and All That... Progress in Human Geography, 25(2),157-88; Dobson, Andrew (2000). Green Political Thought. Londres; Nueva York: Routledge.

Ver más: Síndrome De Abstinencia Desintoxicación De Drogas, Tratamiento Y Recuperación

22. Boltanski, Luc y Chiapello, Evy también (2005). Thy también New Spirit of Capitalism. Londres y Nueva York: Verso.; Gottlieb, Robert (1993). Forcing thy también Spring: Thy también Transformation of thy también American Environmental Movement. Washington, DC: Island Press; Hajer, M. A. (1995). Thy también Politics of Environmental Discourse: Ecological Modernization and the Policy Process. Oxford University Press.; Mol, A. (2000). Thy también environmental movement in an era of ecological modernisation. Geoforum, 31(1), 45-56; McCormick, John (1989). Reclaiming Paradise: Thy también Global Environmental Movement. Bloomington, IN: Indiana University Press; Buttel, Frederick y Flinn, William (1978). Thy también Politics of Environmental Concern. Environment and Behavior, 10(1),17-36; Spaargaren, Gert y Mol, Arthur P. J. (1992). Sociology, Environment, and Modernity: Ecological Modernization as a Theory of Social Change. Society & Natural Resources, 5(4), 323-44.