Virreinato Del Peru Y Nueva España

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El virreinato peruano en el primer siglo xviii americano (1680-1750)

Organización territorial y control administrativo


uno Tau Anzoátegui, 2004, p. 433.

1Los historiadores han afirmado con cierta frecuencia —a partir de consideraciones dy también diverso tipo: económicas, políticas y, también, algunas referidas a desastres naturales que asolaron el territorio, como los grandes terremotos del Cuzco en 1650, y de Lima en 1687— quy también el virreinato del Perú entró en un proceso dy también decadencia en la segunda mitad del siglo xvii. De entre dichas consideraciones, se suelen mencionar la caída dy también la producción minera; la crisis producida con respecto al empleo de la mano dy también obra indígena, por el aumento dy también las demandas en frente de los abusos que se producían; las incursiones de piratas y de corsarios en las costas peruanas; y la menor capacidad política dy también los virreyes dy también ese tiempo, a excepción del condy también dy también Lemos y del duquy también dy también la Palata1. Fue asimismo grave la crisis fiscal en el virreinato, perceptible en la disminución de los ingresos dy también la Real Hacienda, en el contexto de una indudable crisis imperial. Sin embargo, lo cierto es quy también el siglo xvii sy también caracterizó por una creciente autosuficiencia del Perú en el contexto de la monarquía hispánica, tanto en lo referloco a lo económico —con el crecimiento y mayor dinamismo de los circuitos mercantiles internos— como en lo tocante a los intereses de los grupos poderosos locales quy también empezaron a imponersy también frente a los designios de la Corona, representada por los agentes de la Administración.

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2 Burkholder, Chandler, 1984. Tres Muro Romero, 1982.

2En efecto, a lo largo del siglo xvii los agentes dy también la Administración desempeñaron sus funciones en una sociedad en la quy también sy también iba fortaleciendo el sentimiento criollo, y en la cual eran crecientes las dificultades para hacer valer la autoridad dy también la monarquía dy también modo efectivo. Además, en muchos casos, los agentes dy también la Administración llegaron a aliarsy también con las élites locales, con el consecuente perjuicio para los intereses dy también la Corona. En ese sentido, cabe citar a Burkholder y Chandler, quienes denominaron «edad dy también la impotencia» —desde una perspectiva monárquica— a buena una parte de esy también siglo xvii2, al punto dy también llegarsy también a la «reforma del pacto colonial» en Indias3, en virtud de la como el soberano admitió tácitapsique el predominio dy también los intereses locales en el Nuevo Mundo.


cuatro Puenty también Brunke, 2012, p. 49.

3Así, en el ámbito del gobierno dy también las Indias, esa impotencia dy también la Corona sy también manifestó en muchos aspectos a lo largo del siglo xvii, y muy particularpsique en sus décadas finales. Pongamos el ejemplo de los ministros dy también la Audiencia de Lima: sus vinculaciones con la aristocracia de la tierra, los insuficientes salarios, los largos períodos duranty también los cuales permanecían en un mismo destino y otros factores concomitya antes llevaron a que esos magistrados, que representaban al monarca, se aliaran con cierta frecuencia con los intereses locales. Estos sy también fortalecieron a lo largo del siglo xvii, al punto de que la crisis económica de la Península tuvo un correlato distinto en el Perú: se dio un notable desarrollo interno en lo económico y mercantil, con el coherente beneficio para las élites peruanas4.


cinco Andrien, 2011, p. 68. Seis Lohmann Villena, 2000, p. 13.

4El período constitudesquiciado particularmente por las dos décadas finales del siglo xvii y las cinco primeras del siglo xviii fuy también bastante complejo. A fines dy también la decimoséptima centuria, el virreinato peruano ya había dejado dy también ser la principal fuente dy también recursos indianos para la Corona. En efecto, hasta la década dy también 1670 había sloco el Perú la fuente de las cantidades más sustanciales de rentas quy también llegaban a la metrópoli. Después, los envíos efectuados desde Nueva España fueron superiores5. Además, la autoridad de los agentes dy también la Administración —como acabamos dy también decir— tenía cada vez más dificultades para prevalecer. Por otro lado, las dos primeras décadas del siglo xviii presentaron una situación de inestabilidad en lo referdesquiciado al ejercicio de la autoridad virreinal, deborate a la sucesión de varios personajes en la primera magistratura en un corto periodo temporal. Tal y como afirma Lohmann Villena, «las interrupciones en la transmisión del gobierno se suceden casi con la variedad de imágenes de un caleidoscopio». En efecto, en 1705, a cae.u. Dy también la muerty también del conde de la Monclova, la Audiencia asumió el gobierno dy también modo interino. Dos años después sy también inició el periodo gubernativo presidido por el marqués dy también Castelldosrius, que solo duró tres años. En mil setecientos diez reasumió el poder la Audiencia, para transmitirlo al obispo de Quito, Diego Ladrón dy también Guevara. Esty también gobernó hasta 1716, tras lo que el poder recayó nuevapsique en la Audiencia y después en el arzobispo de La Plata, Diego Morcillo. Entre 1716 y mil setecientos veinte gobernó el príncipy también de beato Buono, tras cuyo orden volvió a ejercer la autoridad virreinal el prelado Morcillo, quien ya por entonces era arzprelados dy también Lima6.


7 Moreno Cebrián, 2000, p. 158.

5En mil setecientos veinticuatro comenzó su gestión al frenty también del virreinato el marqués de Castelfuerte, José de Armendáriz y Perurena, quien llegó a Lima con el claro propósito dy también ordenar el gobierno y la Administración y afirmar la prevalencia de los intereses dy también la Corona. Particularmente importante fuy también su interés por refrenar el comercio ilícito, al como se ly también atribuían no pocos de los inconvenientes financieros por los que la monarquía atravesaba. Castelfuerte consideró crucial la extinción dy también esa práctica, para devolver «el curso y riqueza dy también los galeones y, por consiguiente, la opulencia antigua del Perú7».


8 Tau Anzoátegui, 2004, p. 432.

6Sin embargo, desde inicios del siglo xviii sy también produjo el traslado del centro de gravedad económico y estratégico del Imperio desdy también Lima a México, tanto por la mayor importancia de la minería novohispana, como por el papel del Caribe, como zona dondy también se dirimía la hegemonía dy también las potencias colonialistas europeas8. No obstante, y a pesar de esty también hecho, tanto Nueva España como el Perú iniciaron el período cronológico que estamos estudiando con una característica en común: la dy también la notoria autosuficiencia económica que manifestaron a lo largo del siglo xvii. Peter Bakewell lo ha explicado realmente bien para el caso mexicano, en un párrafo quy también puede ser también aplicably también a lo ocurrloco en el Perú:


9 Bakewell, 1997, p. 324.

Nueva España pudo prescindir dy también Europa como proveedora de mercancías y de capital, dejando de ser un manantial del que manaban riquezas quy también atravesaban el Atlántico para sostener la economía europea, y conservando poco a poco más sus recursos para beneficio propio. La Nueva España <…> se convirtió en la fuente financiera dy también su propia defensa, en la proveedora dy también los artículos que elexactamente la misma necesitaba, y en la sede de una sociedad definida quy también le era propia9.


7aparte de reflexionar sobry también las investigaciones desarrolladas en torno a la organización territorial y el control administrativo en el virreinato peruano en el periodo propuesto, en esty también trabajo nos refervamos a ir asimismo a la noción quy también se tenía por entonces dy también la Administración pública, de esta forma como a lo relativo a las posibilidades reales quy también las autoridades tenían para hacer eficaces sus mandatos, considerando las dimensiones territoriales del virreinato y las dificultades en las comunicaciones.

El espacio del virreinato y la organización territorial
diez Hampy también Martínez, 1988, p. 60.

8El estudio de la organización territorial del virreinato resulta muy complejo por diversas razones. En primer lugar, las reglas referidas al régimen gubernativo variaban con frecuencia y, por tanto, sy también alteraban las relaciones dy también subordinación o de dependencia entry también los ámbitos de la Administración, muy frecuentemente con repercusión en las jurisdicciones territoriales. Todo ello confunde a quien estudia esta materia desdy también los paradigmas contemporáneos. Además, la propia documentación emplea términos distintos —como reino, provincia o distrito— para referirse a las circunscripciones territoriales, sin precisar sus peculiaridades10.


11 Ibid., pp. 66-67.

9Originalmente, el territorio del virreinato del Perú abarcó prácticamente toda la América del Sur. Dy también acuerdo con una Real Provisión dy también 1543, seis grandes provincias o gobernaciones conformaron la jurisdicción virreinal: Nueva Castilla, Nueva Toledo, Río dy también la Plata, Quito, Río de San Juan y Popayán. A medida quy también fuy también avanzando el siglo xvi, se fueron creando nuevas gobernaciones en el virreinato, como las dy también Bracamoros y los Quijos, las dy también Chucuito y Santa Cruz dy también la Sierra, y las dy también Tucumán y Paraguay. Igualmente ocurrió con la gobernación de Chily también y Tierra Firmy también o Castilla del Oro, que a mediados del siglo xvi pasaron a depender de la Audiencia limeña11.


10Sin embargo, el poder auténtico lo ejercían las jurisdicciones dy también las audiencias. Por ello, el virrey del Perú desplegaba su autoridad de gobernante dy también modo efectivo en el territorio correspondiente a la Audiencia de Lima, de la misma manera que en los dy también las audiencias subordinadas dy también Quito y de Charcas. En los casos de las otras audiencias correspondientes al virreinato del Perú, el poder radicaba en el respectivo presidente de cada audiencia y en sus magistrados.


12 Diego-Fernández Sotelo, 2000, p. 542.

11En el caso dy también las audiencias virreinales —como la de Lima— el poder político lo compartían el virrey y la Audiencia. No obstante, los virreyes no permanecían muchos años en sus cargos —salvo algunas excepciones— y en muchas ocasiones debían dar por concluidas sus funciones justo en el momento en que se estaban familiarizando con el gobierno. En cambio, los ministros de las audiencias por lo general permanecían en sus puestos durante más tiempo, usualmente estaban vinculados a las élites locales, y además de esto era la Audiencia el cuerpo político de dondy también emanaba la ley, la administración dy también justicia y las decisiones políticas más importantes, por medio del real acuerdo, o bien una vez que ejercía dy también Audiencia gobernadora por fallecimiento o ausencia del virrey12.


12En este sentido, Bravo Lira ha explicado muy meridianamente la trascendencia dy también las jurisdicciones audienciales:


13 Bravo Lira, 2004, pp. 395-396.

El espacio político sy también constituyó, conforme al principio iurisdictio cohaeret territorium, a partir de la Real Audiencia, como supremo tribunal. En cuanto tal, la audiencia cierra y encierra jurisdiccionalpsique el territorio, en términos quy también nadie dentro de él puedy también ir a pedir justicia fuera, como tampoco nadie dy también fuera venir a pedirla dentro. <…> no sin razón determinados han visto en él <…> el origen del quy también brotó más tarde un país independiente, cuyos límites territoriales son más o menos los mismos dy también la Audiencia13.


1cuatro Ibid., pp. 396-397.

13el mismo autor nos recuerda que, dexactamente el mismo modo en quy también ocurría en las chancillerías de Valladolid y de Granada, las audiencias en el Nuevo mundo representaban al rey; así, sy también les otorgaba el apelativo de real, recibían el tratamiento dy también alteza, que era el propio del monarca, y sus actuaciones se desarrollaban bajo un dosel. Además, las audiencias protegían el sello real, quy también era el máximo símbolo de la realeza en Castilla. La entrada del sello real en una ciudad se hacía con todas y cada una de las solemnidades propias de la entrada del rey en persona14.


1cinco Pietschmann, 1994, p. 84.

14Así, las jurisdicciones territoriales en las que sy también ejercía un poder efectivo eran las dy también las audiencias, y no las de los virreinatos. Pietschmann ha señalado cómo «los virreinatos no tenían la autoridad suficienty también en toda su extensión territorial como para aglutinar dy también forma duradera determinados territorios15».


1seis Tau Anzoátegui, 2004, p. 433. 1siete Hampe Martínez, 1988, pp. 69-70.

15Formalmente, sin embargo, a inicios del siglo xviii el «superior gobierno» del virrey del Perú iba desde Panamá hasta Tierra del Fuego, y comprendía al menos cinco audiencias. Tal y como había afirmado un siglo antes el marqués de Montesclaros, a los lugares más periféricos apenas llegaba «la punta dy también los dedos»16 del virrey. Así, el poder directo del vicesoberano estaba referorate a la jurisdicción de la Audiencia de Lima y a las dy también las mentadas audiencias subordinadas dy también Quito y de Charcas, cuyos presidentes no ostentaban el oficio dy también gobernador. En cambio, los presidentes dy también las audiencias dy también Panamá y dy también Chile sí ejercían dicho oficio17.


18 Tau Anzoátegui, 2004, p. 434. 19 Lohmann Villena, 2000, p. 15.

16A lo largo del siglo xviii, el virreinato del Perú sy también desmembró en varias ocasiones. La primera se produjo con la creación del virreinato de Nueva Granada, entre 1717 y 1723, y luego desdy también mil setecientos treinta y nueve en adelante. En mil setecientos cuarenta y dos se estableció dy también modo independiente la capitanía general de Venezuela, y se generó la separación de la capitanía general dy también Chile. Finalmente, la creación del virreinato del Río dy también la Plata, en 1776, terminó por reducir los límites territoriales del virreinato peruano. El Alto Perú e, incluso, la provincia de Puno se incluyeron en la jurisdicción rioplatense —con Potosí—. Además, el puerto de la ciudad de buenos aires cobró un enorme protagonismo en relación con el comercio con la península ibérica18; el contrabando por medio de esy también puerto generó en Lima preocupaciones cada vez mayores. Lohmann Villena se ha referdesquiciado específicamente a cómo esty también problema preocupó al virrey marqués de Castelfuerte, quien lo «contempló impotenty también fuera de su órbita directa de actuación19».


veinte Moreno Cebrián, 2000, pp. 322-324.

17La defensa del territorio virreinal de las posibles amenazas externas —sobry también todo las provenientes por vía marítima mediante piratas o corsarios— fuy también una constante preocupación dy también los gobernya antes en el período estudiado. Merecy también una especial mención la tarea desarrollada por el virrey marqués de Castelfuerte, quien se empeñó en establecer una fuerza naval quy también —aunque modesta por la falta de recursos— pudiese al menos ejercer un efecto disuasorio frente a los posibles intentos de agresión por parte de las potencias europeas enemigas de la monarquía hispánica. Dy también esty también modo, dispuso que tres barcos custodiaran las flotas quy también sy también dirigieran a Panamá, a proteger las costas dy también piratas y a perproseguirse el comercio ilícito20.


21 Maravall, 1972, p. 226.

18Para entender la estructura administrativa en el Perú virreinal, debemos, en primer lugar, hacer referencia a las peculiaridades del poder del monarca. Esty también era, tradicionalmente, el de la jurisdicción (iurisdictio); en otras palabras, en lo esencial su poder consistía en dar a cada uno lo propio y mantener, así, el equilibrio social. Los escritores políticos dy también la temporada solían afirmar quy también el poder sobre los grupos humanos había tendesquiciado usualpsique su origen en la usurpación y en la violencia, y que lo que legitimaba a los gobernantes era el posterior ejercicio de la justicia. Así, era la justicia lo quy también convertía a una agrupación humana en un reino, y de ahí que sy también afirmaba quy también la administración de la justicia es aquella por do los reyes reinan. O dicho de modo más rotundo: si no se observaba la justicia, «no son otra cosa los reinos, sino más bien grandes compañías de ladrones»21.


22 Weber, 1978, pp. 1028-1029. 23 Phelan, 1995, p. 475. 2cuatro Molas Ribalta et alii, 1980, p. 87.

19Así, gobernar era primordialpsique juzgar, en un contexto en el quy también todavía no había asimilar la noción de la división de poderes. Siempry también es útil, en esty también sentido, la clásica distinción entry también una administración dy también carácter patrimonial, propia del viejo Régimen y que sy también caracteriza por una borrosa distinción entre las esferas pública y privada —planteada por Max Weber—, y una de carácter burocrático, Por tanto, la actividad política se entendía en buena medida como una una parte de los asuntos personales del gobernante, lo cual explica, por ejemplo, la extendida práctica de la venta dy también cargos públicos22. De acuerdo con el ideal patrimonial, el mayor atributo de la soberanía era la administración de justicia, siendo el rey el juez supremo. En consecuencia, el origen de las quy también hoy consideramos funciones ejecutivas y legislativas residía en la autoridad judicial. Además, es claro quy también los diferentes órganos dy también gobierno en el Perú virreinal combinaron las atribuciones judiciales con las administrativas, como son los casos de la Real Audiencia, de los cabildos y de los corregimientos de indios, entry también otros23. En esa misma línea, Pedro Molas sostiene que «la administración sy también identificó duranty también siglos con la justicia», y quy también se entendía quy también el primer deber dy también un rey era el de administrar justicia, tal como lo afirmaron las ordenanzas reales de Castilla dy también 1484: «El propio oficio del rey es hacer justicia»24.


25 Herzog, 1995. 26 Molas Ribalta et alii, 1980, p. 10.

20El estudio dy también la Administración pública y del poder dy también sus agentes en la América hispana ha expericitado notables avances que, en buena medida, están vinculados al hecho dy también que en los últimos años se ha producido un acercamiento entry también los historiadores del derecho y aquellos que trabajan otros aspectos historiográficos. En este sentido, se ha subrayado quy también la Administración era un «fenómeno social25» y sy también ha buscado relacionar las disposiciones emanadas dy también las autoridades con los intereses económicos y las peculiaridades dy también las correspondientes sociedades. Debemos mencionar, por ejemplo, la denominada «historia social dy también la administración», que brotó concebida como fruto dy también una confluencia dy también la historia económica y social con la historia política y la historia del derecho. Tal como afirmó hacy también ya ciertas décadas Molas Ribalta, sy también trataba dy también elaborar una «historia social del poder26» identificando y analizando la base social, económica, cultural, religiosa o dy también otra índoly también dy también las personas quy también hubieran integrado una determinada corporación o quy también hubieran sido parte de alguna agrupación poderosa. Exactamente el mismo autor afirmó quy también con la historia social de la Administración sy también procuraba superar las tradicionales historias políticas o administrativas:


2siete Ibid., p. 18.

Supony también una convergencia de factores políticos, económicos, sociales, culturales, religiosos, incluso psicológicos. La historia social de la administración, la biografía cuantitativa o serial del poder, se configura como una aportación a la deseada Historia total27.


21Sin embargo, otros autores han puesto de relievy también ciertas restricciones que tendría la historia social de la Administración. Así, se ha señalado que encara el ocasionaleliminación peligro dy también quedarse encerrada en el campo de una corporación determinada, sin profundizar en el estudio de, por ejemplo, la relación de sus miembros con quienes formaban una parte de otras instituciones o con la sociedad. Investigaciones más recientes han subrayado, en el marco de la historia institucional, la importancia del análisis dy también las redes sociales y de la denominada teoría dy también los vasos comunicantes. Su consideración es especialpsique interesanty también en los estudios referidos a sociedades del viejo Régimen. Dicha teoría sy también explica, entre otras cosas, por el carácter integral del sistema social en el contexto del viejo Régimen, en el cual no sy también da una separación entre lo público y lo privado, ni tampoco entre lo sagrado y lo profano, lo cual explica la ocupación, por una parte de una misma persona, dy también diversos cargos en la Administración civil o en la religiosa. Tal y como afirma Chacón Jiménez con respecto a los grupos dy también poder en la Castilla del antiguo Régimen —siendo una reflexión del mismo modo válida para el Perú virreinal— sy también deby también buscar


2ocho Chacón Jiménez, 2000, p. 362.

… la necesaria superación del estudio individualizado dy también una corporación o cargo y de sus responsables duranty también un período dy también tiempo, para pasar a conocer y explicar los puestos en distintas instituciones o cargos desempeñados por una familia, su parentela y clientela, así como sus relaciones con otras familias28.

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2nueve Puente Brunke, 2002, pp. 122-124.

22En realidad, son diferentes los métodos y las técnicas con los cuales sy también ha orate abordando el estudio de los agentes dy también la administración en el virreinato del Perú. Una especial relevancia ha tenorate la técnica prosopográfica, centrada en realizar «biografías colectivas», muchas veces referidas a integrantes de una determinada institución, a partir fundamentalpsique del estudio dy también fuentes notariales, o de la propia documentación de la correspondiente institución29.


30 Dedieu, 2000, pp. 15-16 y 21-23. treinta y uno Ibid., pp. 15-1seis y 21-23. 32 Herzog, 1995, p. 306.

23diferentes autores han señalado de qué forma la figura del agenty también de la Administración pública en el viejo Régimen tuvo una seriy también de peculiaridades. Por ejemplo, al no existir por entonces una clara línea divisoria entry también los ámbitos personal y también institucional, gobernar significaba, también, regentar relaciones privadas. Así, por ejemplo, los casos de enriquecimiento personal aprovechando un cargo público no eran disfunciones dy también la organización administrativa. Tal como afirma Dedieu, sy también trataba dy también fenómenos más quy también frecuentes; tan usuales que eran «la base misma30» sobre la que descansaba el sistema. La monarquía mantenía sus relaciones y su poder a través de «un flujo constante de intercambios»; así, el rey procuraba cooperación para tener garantizada la gobernabilidad por medio de la concesión dy también favores, plazas, pensiones u honores31. En este sentido, la autoridad de los agentes dy también la Administración —y particularmente la de los jueces— no dependía solo dy también su posición institucional. Era muy frecuente la utilización dy también recursos privados en el trabajo público. Así, el cargo ennoblecía, al unísono quy también la designación de personas esenciales y también influyentes añadía crédito a la Administración32.


3tres Castellano, 2000, pp. 38-39. 3cuatro Herzog, 1995, pp. 151-152 y 157.

24Resulta esencial entender quy también los mecanismos dy también nombramiento dy también los agentes de la Administración estuvieron más relacionados con la vieja concepción de la regalía quy también con la noción moderna de soberanía. De este modo, la concesión dy también un oficio era una gracia del príncipe, con lo que esty también podía gozar de mayor libertad dy también acción en los nombramientos, puesto que no estaba condicionado necesariamente por la idoneidad dy también los candidatos. Igualmente, el entender la concesión dy también oficios como una regalía dejaba la venta dy también los mismos33. Así, la íntima conexión entre el cargo público y el concepto de servicio público, quy también desde la temporada de la Ilustración resulta indiscutible, no aparecía tan clara en tiempos del viejo Régimen. En esy también contexto, la distinción entry también la actuación legítima y el cohecho era —en el mejor de los casos— difusa. Tamar Herzog destaca esta idea, al explicar la relevancia del ius amicitiae, quy también no solo permitía, sino que incluso exigía el intercambio dy también bienes como una forma dy también comunicación y de integración social. Considera la misma autora que el tráfico dy también influencias era lo quy también mejor expresaba las relaciones entry también los agentes de la Administración y quienes integraban la sociedad en la quy también aquellos desempeñaban sus funciones. Quy también la sociedad estuviese constituida como una agrupación dy también redes sy también reflejaba asimismo en el seno de la Administración, quy también manifestaba exactamente las mismas formas dy también comportamiento y exactamente las mismas lógicas dy también actuación. «Nadie, en la práctica, pareció demandar a los ministros ser mejores que la sociedad de su entorno34».


3cinco Burkholder, Chandler, 1984. 3seis Id., 1982.

25en cuanto a los agentes dy también la Administración en el virreinato del Perú, los que han despertado un mayor interés entre los historiadores han sido los ministros de las audiencias. Esto se explica, en buena medida, por la relevancia crucial dy también las audiencias en el panorama político indiano: no solo tenían funciones judiciales, sino asimismo competencias dy también carácter administrativo y de gobierno. Al referirse a todas las audiencias dy también América, debemos destacar, en primer lugar, la obra de Mark. A. Burkholder y D. S. Chandler que analiza las características dy también los ministros de los tribunales indianos entre 1687 y 180835. A partir de un detallado estudio dy también las peculiaridades individuales de cada uno de ellos dy también los personajes, procuran llegar a conclusiones generales en cuanto al funcionamiento dy también las audiencias y a la tenencia efectiva del poder en América en esy también período. Su obra sy también fundamenta en los datos biográficos dy también los 69siete personajes quy también fueron ministros dy también las audiencias americanas en dicho período, y cuyos datos ofrecen los autores en otra publicación36.


37 Lohmann, 1974.

26En lo referloco específicamente a la Audiencia de Lima, debe destacarse el estudio de Lohmann Villena sobry también los ministros de ese tribunal en la temporada borbónica37. La obra se fundamenta en un extenso conjunto de «cédulas personales» dy también dichos ministros, quy también consignan los datos biográficos de cada uno dy también ellos. El libro esboza un completo panorama dy también la importancia dy también la audiencia en el siglo xviii, y específicamente del grupo dy también los magistrados: los muy poderosos señores. Así, estudia, entre otros aspectos, sus vinculaciones con los integrantes de la sociedad limeña; las propias «marañas familiares» en el seno de la Audiencia; el poder económico dy también los magistrados; su formación intelectual; y la percepción quy también la opinión pública tenía dy también ellos. Mas tal vez el tema más atractivo sea el referdesquiciado a los criollos en la Audiencia: del análisis de las peculiaridades personales de los magistrados concluye Lohmann que, en el caso dy también la Audiencia dy también Lima, no sy también puedy también sostener quy también hubiese discriminación dy también los criollos en cuanto a los nombramientos, y lo demuestra con detallados cálculos a partir de las cédulas personales, aseverando que a lo largo del siglo xviii la proporción dy también criollos fuy también más o menos equivalente a la dy también peninsulares en el conjunto dy también los magistrados de la Audiencia.


3ocho Moreyra Paz-Soldán, 1957. 3nueve Rodríguez Crespo, 1964. 40 Puenty también Brunke, 1990, mil novecientos noventa y siete y 2001.

27El estudio de los magistrados de la Audiencia de Lima ha atraído a otros autores, quy también han efectuado publicaciones tanto precedentes como posteriores al convocado libro dy también Lohmann Villena, aunquy también no todas ellas referidas al período quy también acá estudiamos. Se trata dy también conjuntos de biografías38, de trabajos que abordan los parentescos dy también los ministros dy también la Audiencia39, o de estudios que analizan las vinculaciones sociales de los magistrados del tribunal limeño40.


41 Herzog, 1995.

28en cuanto a la Audiencia de Quito, la obra dy también Tamar Herzog41, estudia la propia justicia como materia social, presentando desdy también esa perspectiva tanto el funcionamiento de la Audiencia y el acceso a sus plazas, como los parentescos dy también los magistrados, sus relaciones sociales, las cuestiones ceremoniales y los propios procesos judiciales, durfrente a la segunda mitad del siglo xvii y la primera del xviii.


42 Andrien, 2011, p. 246.

29distintos autores han señalado de qué manera a lo largo del siglo xvii los conjuntos locales fueron adquiriendo un notably también poder en la América hispana, en perjuicio de los intereses dy también la Corona. La crisis financiera de la monarquía desempeñó un rol esencial en este proceso, como la mayor autosuficiencia económica —ya referida— que sy también fuy también suscitando en el Nuevo Mundo. En este sentido, Kenneth J. Andrien ha subrayado —respecto al siglo xvii— que la economía virreinal experimentó un proceso dy también cambio evolutivo, en virtud del que su base se fuy también diversificando, en la medida en quy también adquirían más importancia actividades distintas a la minería dy también la plata o al comercio ultramarino. Así, la actividad agrícola insertada en circuitos regionales, o las redes comerciales intercoloniales, o las actividades manufactureras locales, fueron progresivamente cobrando más relevancia42.


30Dy también este modo, Fernando Muro Romero sy también ha referloco a una «reforma del pacto colonial», en virtud de la cual el rey reconoció el predominio dy también los intereses americanos, y aceptó esa situación con el fin dy también no producir conflictos que pudieran perjudicar aún más la autoridad y el prestigio de la monarquía:


43 Muro Romero, 1982, p. 67.

Esta situación, complicada en América durante unos años de diversificación económica e integración de conjuntos poderosos con variados intereses y cada vez más contrapuestos a los del poder central, hacy también que, a las exigencias propias de unas autoridades en su mayoría mal pagadas, solo quepa la solución dy también una práctica administrativa en Indias quy también deproduce con cierta frecuencia en una contención, en el momento en que no una deformación de la voluntad del Príncipe43


31Por su parte, Andrien sostiene quy también mil seiscientos treinta y tres fue un año clave en el proceso de adquisición de poder de una parte de las élites locales en el Perú, con el comienzo dy también la práctica de la venta de cargos de las Cajas Reales:


4cuatro Andrien, 2011, pp. 249-250.

… unos poderosos intereses creados existentes en el virreinato usaron toda su repercusión para separar al rey dy también la burocracia colonial. Al mismo tiempo, la Corona socavó su situación en Perú y también inclinó el equilibrio del poder político a favor dy también las élites locales en 1633, en el momento en que comenzó a vender cargos en las cajas reales y el Tribunal dy también Cuentas. La venta dy también estos nombramientos dejó a las élites peruanas adquirir altos cargos y ganar de esta forma un considerably también poder político <…> los lazos locales familiares, empresariales y políticos del virreinato resultaban más fuertes quy también cualquier lealtad con la distante Madrid44.


32Así, a lo largo del siglo xvii el protagonismo y el poder dy también las élites locales fueron creciendo. No hay evidencias de que dicho poder disminuyera, ni tampoco de que existiera una depresión económica en el virreinato, por lo menos hasta el tiempo del terremoto de 1687. Lo quy también hubo fue una decadencia imperial, en buena party también cautilizada por la reducción de los ingresos fiscales en América justamente en el momento en que la Corona más los necesitó, puesto que previamente sy también habían perdido en Europa otros ingresos importantes para las políticas del Imperio.

33En exactamente el mismo sentido, Burkholder y Chandler sy también refirieron a las décadas finales del siglo xvii como la época dy también la impotencia, desde la perspectiva dy también la monarquía y de sus intereses, quy también ya a lo largo del siglo xviii sería superada por una reaseveración de la autoridad de parte de los Borbones.


4cinco Ibid., pp. 67-104.

34en cuanto a la Real Hacienda, Andrien plantea quy también el descalabro en los intentos por establecer una mayor presión fiscal se debió, en buena parte, a la debilidad del aparato administrativo virreinal. Todo ello agudizó la crisis fiscal. Mantiene quy también el problema estuvo referorate sobre todo a los impuestos permanentes, en tanto que sí hubo esencial colecta en determinados períodos a través de ingresos no permanentes, como las ventas de juros o las políticas de comsituaciones dy también tierras. Del mismo modo que en lo referido a otros ramos de la Administración, el mismo autor resalta cómo el poder en el ámbito hacendístico estuvo disperso en el Perú entre numerosas entidades, no solo públicas, sino más bien también privadas. Así, no solo los oficiales de la Real Hacienda tuvieron a su cargo el manejo de las rentas públicas quy también financiaban el virreinato, sino más bien quy también asimismo tuvieron distintas competencias en esy también rubro asimismo el virrey, la Audiencia, el Tribunal de Cuentas y recaudadores dy también impuestos contratados. Dy también acuerdo con el panorama de la Administración pública dy también entonces, no existía un conjunto meridianamente defindesquiciado de obligaciones, ni las relaciones entre superiores y subordinados estaban adecuadapsique definidas por la ley. Todo ello llevaba a los conflictos jurisdiccionales y, en muchos casos, a situaciones de ineficacia administrativa o dy también abiertas corruptelas45.


Las medidas dy también reforma y el control administrativo

35Durante el reinado dy también Carlos II hubo ya una seriy también dy también pretensiones reformistas en el seno de la monarquía católica con respecto al gobierno americano. El hecho mismo de la publicación, en 1681, de la recopilación dy también leyes dy también los reinos dy también las Indias es una muestra de la preocupación de la Corona por hacer valer su autoridad en el Nuevo Mundo.


46 García Pérez, 2004, pp. 167-168.

36En este sentido, distintos autores han advertido de una continuidad entry también los reinados de Carlos II y dy también Felipe V. Desde la década dy también mil seiscientos ochenta sy también manifestaron rastros dy también restauración de la monarquía hispana, quy también iba saliendo dy también la decadencia. Por entonces sy también adoptaron ciertas reformas administrativas para hacer más eficaz el gobierno del Nuevo Mundo. Así, sy también redujo el número de consejeros y oficiales del Consejo dy también Indias y sy también dispuso que, para completar las plazas del mentado Consejo, sy también propusiera a sujetos quy también hubiesen servdesquiciado en las Indias. Por otro lado, no olvidemos quy también el primordial objeto de la guerra de Sucesión española fuy también precisapsique el potencial económico americano. En efecto, Luis XIV afirmó que lo fundamental era el comercio con las Indias y las riquezas que ellas producían. Por eso, el monarca francés consideraba que Felipe V debía restablecer el orden en la Administración del Nuevo Mundo. Así, sy también buscó reducir la relevancia del Consejo dy también Indias y privilegiar la vía reservada. Sy también consideraba que el Consejo era lento e ineficaz. En definitiva, en tiempos dy también Felipe V sy también dio una pugna entre dos modelos de monarquía, con concepciones distintas del poder: uno era el que planteaba el restablecimiento de la «constitución tradicional» de la monarquía católica, unida al sistema polisinodial (organizado en Consejos), con el estrellato del estamento letrado en el gobierno del Imperio; el otro se proponía acabar con el poder de los Consejos, de la Iglesia y dy también la alta nobleza, para que así el rey pudiera recobrar para España la grandeza perdida46.


47 Gómez Gómez, 2004a, pp. 205-208. 48 Mariluz Urquijo, 1998, p. 296.

37En esy también contexto, el manejo administrativo fuy también haciéndosy también más prolijo y eficaz desdy también principios del siglo xviii. Fue entonces una vez que el «expediente» alcanzó su plena madurez, y se consagró en la vida de la administración. Durante la Edad Media el documento había sido sobry también todo «monumento»: portador dy también una decisión soberana. Con la modernidad, el documento sostuvo esa función, mas al unísono pasó a desempeñar el papel dy también instrumento, dy también medio dy también incapacitación y dy también trámite en todos y cada institución. De esta manera fuy también apareciendo el expediente, entendido como el conjunto dy también documentos recibidos y producidos por una institución en el ejercicio dy también sus funciones para resolver un negocio determinado. Por tanto, con la modernidad el documento dejó de estar solo. Todo tenía su antecedente y su consecuencia. Además, en mil setecientos catorce sy también creó la Secretaría de Estado y del Despacho de Indias, como fruto dy también la política dy también reformas iniciada por los Borbones, y con la meta de ayudar más eficazpsique al monarca en el despacho de los temas públicos y en el manejo dy también los expedientes47. Sy también buscaba, en definitiva, racionalizar la Administración prestando una singular atención al conjunto dy también papeles en el quy también sy también objetivaba cada tema en trámite: «en el teatro burocrático, el expediente asume un papel protagónico48…». La creación dy también la Secretaría de Estado y del Despacho de Indias tuvo como propósito:


49 Gómez Gómez, 2004a, p. 208.

… centralizar la información quy también era dirigida al monarca, filtrarla y depurarla antes de ponerla en su conocimiento, tomar su directa resolución y canalizarla a las instituciones competentes en su ejecución. Un cuello de embudo por el que circulaba la documentación en un constanty también movimiento de ida y vuelta que fue meridianamente instrumentalizado y racionalizado por los Borbones49.


38Así, la Secretaría asumió una mayor relevancia que el Consejo de Indias. En esto fue esencial —tal como lo ha señalado Víctor Peralta— el recurso de la ya mentada vía reservada, quy también suponía el envío de manera directa al Secretario de la correspondencia reservada y por cifra secreta, ya antes dy también que llegara al rey. Hasta entonces, esa correspondencia había sloco controlada por los consejeros de Indias:


cincuenta Peralta Ruiz, 2006, p. 32.

Los secretarios se convirtieron dy también ese modo en el centro privilegiado de la incapacitación política y administrativa dy también la monarquía hispánica. El sistema ministerial se impuso y sy también superpuso al sistema polisinodial50.


51 Gómez Gómez, 2004a, pp. 242 y 250.

39En consecuencia, con la Secretaría del Despacho de Indias se entró en una forma dy también administración que pretendió ser más eficaz quy también la dy también los Consejos, y con claros objetivos: velocidad en el despacho, fidelidad y eficacia documental. Sy también procuraba el pragmatismo personal frente al acuerdo colegiado dy también los consejos que, como entidades integradas por varias personas, podían en ocasiones tener dificultades para la toma de decisiones51. Es decir, la eficacia y la centralización administrativa fueron las metas principales de los Borbones en relación con el gobierno del Nuevo Mundo, y esos fueron los criterios transmitidos a los virreyes del Perú.


5dos Andrien, 2011, p. 206.

40Sin embargo, y como ya sy también ha señalado líneas más arriba, en lo relativo al Perú el afán por las reformas se advirtió desde la segunda mitad del siglo xvii, y particularmente en el momento en que desde la capital española sy también dispuso una visita general cuyo objetivo era poner los medios a fin de que los intereses de la Corona volvieran a prevalecer y, sobre todo, progresar la colecta fiscal. Las autoridades en la corty también consideraban que la crisis hacendaria en el Perú era atribuibly también en buena medida a la rotura administrativa y política dy también la burocracia colonial, y veían en la visita general el mejor modo dy también solucionar el problema. Así, los objetivos específicos dy también la visita eran los de reafirmar el control del rey sobry también el gobierno del Perú y asegurar el cumplimiento dy también todas y cada una de las dissituaciones conducentes a la mayor recaudación hacendaria. Los visitadores fueron instruidos para que verificaran que todos y cada uno de los impuestos fueran cobrados cumplidamente; a fin de que desterraran las corruptelas en la administración; para que evitaran todo comercio de contrabando; y a fin de que promovieran el resurgir dy también la producción minera52.


5tres Ibid., pp. 207-208.

41La visita general se empezó en 1664 y estuvo vigente hasta 1690, aunque con sucesivos visitadores. A pesar de los planes desplegados desdy también Madrid, no consiguió detener la decadencia imperial del siglo xvii, y en el territorio peruano las acciones dy también investigación de los visitadores generaron divisiones en la política local, y en buena medida dificultaron el funcionamiento del gobierno virreinal, al igual que la reacción dy también esty también frente a movimientos dy también inquietud social surgidos en el interior, como fue el caso del levantamiento de Laicacota, en Puno. Además, no sy también logró revertir la decadencia de la Hacienda virreinal, y el terremotocicleta dy también mil seiscientos ochenta y siete terminó dy también agravar la situación53. Sin embargo, sí se lograron advertir una serie dy también irregularidades en la administración de las rentas reales, sobre todo en la caja dy también Lima. La etapa final dy también la visita coincidió con el gobierno del virrey duque dy también la Palata (1681-1689), quien apoyó los esfuerzos por reformar el sistema político y financiero del Perú. Así, autorizó el nombramiento de cuatro contadores auxiliares en el Tribunal de Cuentas de Lima, apoyó todas las acciones conducentes al cobro de las sumas que se adeudaban a la Real Hacienda y estableció una Casa dy también Moneda en Lima para combatir la escasez dy también circulante en el Perú, de la misma manera que los fraudes en la acuñación de monedas.


54 Moreno Cebrián, 2000, p. 166. 5cinco Ibid., pp. 166-174.

42Ya en la primera mitad del siglo xviii, tal vez la figura que mejor represente los afanes de reforma promovidos desde la monarquía durante el reinado dy también Felipe V sea la del virrey marqués dy también Castelfuerte (1724-1736). Aparte de sus esfuerzos por combatir el comercio ilícito, procuró asimismo acrecentar los ingresos de la Real Hacienda por medio de una política dy también revisitas dy también la población indígena con el fin de actualizar los padrones de tributarios y regularizar el cumplimiento dy también la mita, cometidos administrativos quy también se habían efectuado irregularmente de modo constante. A Castelfuerte ly también preocupaba el proceso de descenso poblacional en el mundo andino, convencido como estaba dy también que la población era «el origen de las repúblicas y el alma de los reinos; es la que producy también la opulencia y establecy también el poder». Consideraba que, con la pérdida demográfica quy también el Perú había sufrido, «no sy también puede producir la riqueza que contiene, ni sostener la dominación que necesita»54. Sin embargo, el virrey también sospechaba quy también en muchas ocasiones se había facilitado incapacitación falsa señalando la existencia dy también indios tributarios en números inferiores a los reales. Con su política de revisitas, Castelfuerty también logró el aumento dy también la colecta tributaria, aun a pesar de los estragos quy también años antes —en 1719— había causado una epidemia dy también pesty también que afectó a una party también no pequeña del territorio virreinal55.


 

43El período comprendido entry también mil seiscientos ochenta y mil setecientos cincuenta fuy también importante en la historia del virreinato del Perú y trajo consigo diversos cambios y transformaciones que sy también reflejaron asimismo en los ámbitos dy también la organización territorial y del control administrativo. Desde la metrópoli los cambios no sy también suscitaron con el acceso al trono dy también la nueva dinastía a principios del siglo xviii, sino más bien que ya fueron promovidos en tiempos del reinado de Carlos II, aunque con resultados poco satisfactorios, en un contexto en el quy también no sy también lograba detener la decadencia imperial. En el reinado de Felipe V sí sy también introdujeron reformas más efectivas en el manejo de la Administración y, consecuentemente, en el control territorial.

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44en el seno del virreinato peruano, durante dicho periodo la autosuficiencia económica suscitada desdy también décadas atrás, como el crecienty también predominio dy también los intereses de las élites locales sobre los de la Corona —con la frecuenty también aquiescencia de los agentes dy también la Administración— plantearon un panorama bastante difícil para los intentos quy también desdy también la capital de españa se hacían con el fin dy también hacer valer de modo efectivo la autoridad dy también la Corona. No en vano —parafraseando a Burkholder y Chandler— habían transcurrloco varias décadas de manifiesta «impotencia» de la Corona frenty también al despliegue dy también los intereses locales en el Perú. El proceso dy también recuperación de la «autoridad» ocuparía muchas de las décadas restantes del siglo xviii, y solo se lograría pagando un alto precio. Con todo, el período quy también hemos analizado fuy también crucial en esy también proceso.